Anfibios en Regeneración de Cedros de David
En Cedros de David, los bosques nublados y las quebradas cristalinas albergan uno de los patrimonios biológicos más frágiles y extraordinarios del Ecuador: los anfibios andinos. Aquí sobreviven especies únicas, algunas redescubiertas después de décadas de silencio, que hoy se convierten en símbolos de esperanza para la conservación.
Cedros de David es un refugio vivo, un espacio donde la naturaleza se regenera y donde visitantes, científicos y comunidades se encuentran para proteger la vida que aún late en los Andes.
Atelopus coynei
Una joya verde y amarilla de los bosques del Carchi. Redescubierta recientemente, su presencia en Cedros de David permite observarla en un entorno seguro, limpio y lleno de humedad, ideal para su supervivencia.
El Atelopus coynei es una joya biológica de los Andes ecuatorianos, un pequeño anfibio que combina elegancia y resistencia. Redescubierto en la provincia de Carchi por el naturalista Andreas Kay, esta especie —considerada extinta durante décadas— volvió a la luz como símbolo de esperanza para la conservación de los bosques nublados.
Su cuerpo verde amarillento, adornado con manchas oscuras y una franja lateral negra, parece una obra de arte viva que se mimetiza entre las hojas húmedas y los musgos del páramo.
Su hábitat y comportamiento: Habita en zonas de alta humedad, cerca de riachuelos cristalinos y vegetación densa. Su piel brillante y sus colores contrastantes no solo son hermosos, sino también una advertencia natural: el Atelopus coynei posee toxinas que lo protegen de depredadores. Es una especie diurna, de movimientos pausados y comportamiento tranquilo, lo que permite observarla con facilidad en su entorno natural.
Jambato Esquelético
Atelopus ignescens
El Atelopus ignescens, conocido popularmente como jambato esquelético o jambato negro, es una de las especies más emblemáticas y conmovedoras de la historia natural del Ecuador.
Durante décadas fue considerado extinto, desapareciendo abruptamente a finales de los años 80 debido a la pérdida de hábitat, enfermedades fúngicas y cambios ambientales.
Su ausencia marcó profundamente a científicos y comunidades que crecieron viéndolo en quebradas, huertos y riachuelos andinos. Todo cambió en 2016, cuando un niño de 12 años, David Jailaca, encontró un ejemplar vivo en Angamarca, Cotopaxi. Ese hallazgo —hoy parte de la memoria ambiental del país— reavivó la esperanza y dio inicio a una de las historias de conservación más inspiradoras de Sudamérica.
El Jambato esquelético posee un cuerpo negro aterciopelado y un vientre naranja intenso, una combinación que lo hace inconfundible. Su biología es igualmente fascinante: Vive en valles andinos húmedos, cerca de riachuelos cristalinos.
Se reproduce en cuerpos de agua limpia, lo que lo convierte en un indicador de salud ecosistémica.
Arlequín de Franjas Doradas
Atelopus longirostris
El arlequín de franjas doradas. Considerado extinto por décadas, hoy vuelve a aparecer en microhábitats prístinos. Su elegancia y rareza lo convierten en una de las especies más buscadas por naturalistas.
Su tamaño es pequeño y esbelto, con cuerpo alargado y extremidades finas. en lo relativo a su hábitat, se ubica en bosques nublados y quebradas húmedas a altitudes medias (1.200–1.800 m).
En lo relativo a su estado de conservación, esta críticamente amenazado; se consideró extinto hasta su redescubrimiento en 2016. En lo que dice relación con su comportamiento es diurno, de movimientos lentos; suele permanecer sobre hojas o rocas húmedas.